sábado, 4 de abril de 2026

Texto presentación Antología de Cuento en cuento. Aurelia Dobles Trejos

Tomada de Semanario Universidad

     En primer lugar, un agradecimiento profundo y constante de nuestra familia -y puedo decir sin duda de la cultura costarricense- por mantener viva la tradición del Festival Fabián Dobles, que es una forma hermosa de traer a la actualidad, y en especial recordarles a las nuevas generaciones, su figura y su obra en momentos en que en el mundo circulan muy otros valores y olvidos de lo que es esencial: el respeto por el ser humano, la justicia social, la solidaridad y la libertad creadora.

Es natural que la riqueza de lo que él sabía y hacía influya en lo que pueda propiciar esta servidora en un taller de narrativa, como el que impartí el año pasado en Belén. Por eso es prodigioso que hoy se presente el libro surgido de ese taller, en ocasión del Festival Fabián Dobles. Lo que don Fabián me transmitió no se limita a la vocación literaria en sí, va más allá y apunta al corazón humano, pues la buena literatura refleja incontables aspectos de la gran aventura de estar vivos y coincidir en un recodo del tiempo.

Mi afán en los talleres es contribuir a que los participantes encuentren su verdad, esa pulsión para escribir que es única e intransferible y, a la vez, aportarles herramientas para que sus creaciones expresen con belleza esa verdad humana.

Esta pequeña antología la logramos en apenas 6 meses y es entonces admirable la entrega de todos sus autores. Son personas que venían con distinta cercanía hacia las letras, diversas destrezas y práctica de ellas y, sin embargo, fue claro que las vocaciones son potentes y cada uno, cada una, lograron confiar en el proceso y darles forma a relatos genuinos que revelan su potencial. Yo les agradezco mucho que hayan confiado en mi metodología.

Veamos uno a una rápidamente. Por ejemplo, los dos relatos de Loreana Araya reflejan su capacidad de penetrar en el momento presente, instalarse en él con deleite, exprimirle jugos a la flor del instante y el sentido hondo de vivirlo en sus textos.

En Guillermo Rodríguez testimoniamos sus malabarismos para pasar de una escritura ceñida a su quehacer profesional a una mucho más libre pero asentada con firmeza en su gran autenticidad y raíces identitarias. Nos alegra observar que lo disfrutó y ve sus posibilidades renovadas de seguir escribiendo tanto y cuánto.

Mauren Fernández, quizás quien menos experiencia literaria traía, y observen que lo digo en pasado pues su proceso ha sido vertiginoso, nos permitió acompañarla en un prodigio: la exquisita génesis progresiva de un cuento a partir de una experiencia entrañable y cómo fue afinando su pluma para que la alusión al verdadero fondo quedara allí vibrando en el papel. Una muestra de lo que ahora se denomina literatura femenina, fiel en captar lo que a nosotras nos atañe en lo profundo y podemos iluminarle al mundo.

En Jaime Naranjo, exuberante en sus experiencias y vivencias, fue notorio ver cómo con su inteligencia aprendía los recursos para convertir jugosas anécdotas en cuentos inolvidables donde no sabemos dónde termina la realidad y comienza la ficción y viceversa, ese límite difuso de la literatura.

Roberto Murillo, una vocación literaria notable que refulge en cada invención, conocedor de las posibilidades del lenguaje fue a la vez humilde para comprender cómo y por dónde sacarles el mejor partido a cada uno de sus cuentos y trabajarlos sin descanso, sabedor de que el oficio hace al maestro. Es de esperar que no ceje en su claro derrotero.

José Eugenio Zumbado, apasionado y rebelde, ha sido también en el proceso un ejemplo maravilloso de humildad para domar su impaciencia y darse a sí mismo el chance de ser quien domeñe sus escritos y no los deje a su albedrío, volviendo a recorrerlos sin precipitaciones para entender dónde esconden su magia y hacer que se revele.

Rafael Arroyo, Rafa, nos conmueve con su intuición para preservar el valor de la ternura en cada escrito (alguna vez señaló Raymond Carver la ternura como una de las cualidades de los buenos escritores). Rafa revela un estilo de narrador atento a las vicisitudes de la vida cotidiana y familiar, que pone de relieve con la sabiduría de la contención.

Andrea Oriza, talentosa como la que más en sus múltiples facetas y además generosa, supo entregarse a la tarea a pesar de sus muchas responsabilidades, y regalarnos su sensibilidad en dos relatos que la revelan como una sutil observadora de la condición humana y de sus recovecos psicológicos. Nos dejó con ganas de leer más, desde luego.

Elizabeth Chango, exigente y racional, no obstante se dejó llevar libremente por su intuición y hace prever una escritora con enjundia de temas y riqueza de personajes que solo esperan a que ella se siente a darles rienda, porque su genuina perspectiva y su capacidad lo ameritan.

En lo personal, he sido muy dichosa durante este taller al apreciar la entrega y los talentos tan variados de los nueve integrantes, y agradecida con el grupo cultural El Guapinol por permitirme contribuir a ellos y honrar lo que papá me enseñó: respetar a cada ser humano, humana, apreciarles y animarles en su individualidad y circunstancias.


Identidad y memoria en nueve autores belemitas de la antología De cuento en cuento, Ariel Cambronero Zumbado

 


Ariel Cambronero Zumbado

Br. en Literatura y Lingüística con Énfasis en Español, UNA

Maestrando en Lingüística, UCR

ORCID ID: 0000-0002-1800-5382

 

La antología De cuento en cuento se compone de veinticuatro relatos de nueve autores belemitas, en cuyo centro se detectan dos elementos claves: la identidad y la memoria. De acuerdo con los investigadores Valverde Ayala, Guevara Burgos, García Suárez y Proaño Cobos (2024), tanto la identidad como la memoria “son pilares fundamentales que construyen la cultura, actuando como la ‘memoria constituyente’ que preserva tradiciones, valores y experiencias compartidas” (p. 86). Por otro lado, “la identidad, entendida como cultura interiorizada, y la memoria, como relato seleccionado de hechos marcados, fortalecen la cohesión social y el sentido de pertenencia de los pueblos” (Valverde Ayala, Guevara Burgos, García Suárez y Proaño Cobos, 2024, p. 87).

 De esta forma, los textos exponen una memoria y una identidad que representan una parte de la cultura costarricense y la identidad individual. Esta memoria puede evocar tanto aspectos negativos como positivos del entorno, los cuales acaban por formar una experiencia colectiva que moldea tanto al individuo como a la sociedad misma.

 Una de las formas que algunos de los textos utilizan para evocar esta memoria es a través de la comida. Este elemento es fundamental en la identidad de una cultura y de cada familia que la compone, ya que, como dijo el chef costarricense Carlos Alpízar (2026), “una receta cambia ligeramente de una casa a otra. No porque esté mal, sino porque cada familia la fue adaptando con el tiempo. Y así, poco a poco, se fue formando la cocina que conocemos como costarricense” (0:36). Esto se observa, por ejemplo, en el cuento “El café de mi madre” de Loreana Araya Fernández, en el que se menciona lo siguiente: “Me acerqué a la madre de Matilda justo cuando le ofrecía el pozol; ella le dice: —Ma, le está quedando riquísimo. ¡Es que es casero! Tiene todos los olores en sofrito: ajo, chile, cebolla, culantro de la feria” (p. 10). Aquí no solo marca una identidad nacional con un plato típico como el pozol, sino también una regional y, concretamente, una familiar, en la que se cocina este platillo con ingredientes que otras familias no emplean para preparar este mismo platillo.

 En otras familias, por ejemplo, no se agrega culantro o se sazona con pimienta La Estrella en lugar de añadirle el sofrito; en otras, se hace una combinación de otros ingredientes o se usan otras variantes de maíz. Esto es un ejemplo del ecosistema culinario tan grande que tiene Costa Rica y que conforman la identidad tanto del país como de las regiones.

 

Un elemento interesante que sirve como catalizador de la memoria es el licor. En esta antología, el alcohol aparece como una bebida que puede desembocar tanto recuerdos positivos como negativos. En el cuento “La llena” de Rafael Arroyo Villegas, el ron funge como unificador entre el protagonista y el abuelo, quien se separa del resto de la familia en pleno aguacero. Es por medio del licor que el abuelo le revela el secreto al protagonista, crea una especie de refuerzo familiar, como sucede en muchas familias y en la sociedad en general cuando se bebe para socializar o fortalecer lazos interpersonales.

 Por otro lado, en el relato “El chino Miguel” de Elizabeth Chango Trejos, el alcohol sirve como desencadenante de problemas. Es por el alcohol que Casimiro intenta asesinar a Miguel; es por el alcohol que Casimiro casi destruye la tienda ante la negativa de Miguel de venderle alcohol. También es debido al alcohol que queda al descubierto la xenofobia de Casimiro hacia Miguel, al cual le muestra animadversión por ser chino y, según él, robarle el trabajo a la gente. De esta forma, el licor sirve como desenmascarador de los verdaderos pensamientos de Casimiro hacia Miguel. Asimismo, se muestra el rechazo al que se enfrenta un migrante que desea emprender en otro país.

 En el cuento “Año Nuevo Chino en Puntarenas” de Elizabeth Chango Trejos, se evidencia tanto el choque cultural como el sincretismo cultural de un migrante chino en Costa Rica. En cuanto al choque cultural, se manifiesta cuando los miembros de la familia china quedan aturdidos ante los juegos de pólvora, los cuales consideran extremadamente ruidosos y caóticos. Esto forma un contraste entre ambas culturas; sin embargo, no se crea una ruptura entre estas; más bien, se entiende como un proceso básico de adaptación a la nueva cultura que se está adpotando.

 Respecto al sincretismo cultural, se observa en primer lugar en el hecho de que los personajes deciden celebrar el Año Nuevo Chino al mismo tiempo que se celebra el Año Nuevo en Costa Rica, lo que a su vez evidencia una transición o adaptación a la cultura nueva por parte de los migrantes. Asimismo, los platillos que se cocinan para la celebración manifiestan aún más dicho sincretismo: por el lado costarricense, asado de carne y salchichón para gallos, y tamales de cerdo; por el lado chino, wantanes fritos. Además, preparan chop suey seco, el cual ya de por sí es un platillo fusión de la cocina china con la estadounidense y que termina llegando a Costa Rica mediante la migración de personas chinas.

 Este texto también emplea el imaginario mitológico de distintas naciones para develar ese sincretismo, como se menciona al inicio con la imagen de Santa Claus como herencia gringa de parte de la globalización y luego al final con la visión que tiene la niña en medio de la pirotecnia. Ella ve una especie de hombre mono y lo identifica como un mal presagio. Esto se vincula con otro personaje que aparece: Kalus, un marinero alemán que corteja a Gloria, una puntarenense. Esa figura del hombre con cara de mono recuerda a un fantasma maligno de origen chino que se llama Shuigui o Shui hao, el cual, aparte de tener atributos de mono, representa una energía de infortunio y venganza. Es un espíritu maligno que atrae a los humanos al mar para ahogarlos y luego usurpar su lugar. Ese mono representa al alemán, al llevar el mismo nombre, y a la cultura gringa, por la vinculación por nombre entre el marinero y Santa Claus. De esta forma, lo extranjero europeo y norteamericano se concibe como una amenaza en el texto, como si fueran entes negativos que desean ahogar a las culturas que ellos conciben como inferiores.

 La imagen de una nación, de acuerdo con Ramón Grosfoguel, se forma al contrastarse con el otro; es decir, tras entrar en una comparativa con los otros pueblos, se van diferenciando o asemejando ciertas costumbres y perspectivas del mundo. Esto incluye el punto de vista que tiene sobre los habitantes de otros países. Este contraste con la otredad es otro de los elementos que varios de los textos utilizan para definir tanto al otro como a sí mismo. En consonancia con el texto anterior, los cuentos “El carro del príncipe de Prusia”, también de Elizabeth Chango Trejos, y “El que fuma, la paga” de Mauren Fernández Benavides ilustran este contraste entre el costarricense y el europeo. En ambos casos, hay una jerarquía: los europeos se encuentran el la cima y los costarricenses se hallan por debajo de estos. Los costarricenses mantienen una actitud de servilismo y dependencia, como sucede con la familia de la protagonista que sirve al príncipe de Prusia.

 En el cuento “El que la fuma, la paga”, por otra parte, ocurre un acto de violación hacia Antonia por parte del español que llega a los tabacales. Los hombres callan y no denuncian el abuso ni hacen nada al respecto; en cambio, son las mujeres quienes toman la justicia en sus manos y acaban envenenando por medio del tabaco al español. Este pasaje no solo muestra cómo se ha construido la identidad costarricense al margen de la europea, sino cómo se ha construido toda la identidad latinoamericana. Recuerda el tópico del colonialismo y cómo una y otra vez Europa subyuga a los latinoamericanos por medio de la violencia y la misma perspectiva de inferioridad o dependencia de los latinoamericanos. Esto también recuerda a la actualidad, en casos como el de Noelia Castillo Ramos, la muchacha española que sufrió un abuso por parte de varios hombres y la sociedad no se preocupó en su momento por ajusticiar a los criminales. Este texto es como un prisma que muestra cómo una situación tan terrible se ha encarnado a lo largo del tiempo en nuestras sociedades. Texto clave y que no pierde actualidad.

 Otros elementos que se emplean en esta antología para evocar la memoria y que son constituyentes de la identidad son las referencias a leyendas, como es el caso del texto “¿Tan mal va la cosa?” de Roberto C. Murillo Ávila. En este cuento, se mencionan leyendas como La Carreta sin bueyes, La Segua y El Cadejo para generar un contraste entre los vivos y los muertos, los terrores del imaginario colectivo y los terrores sociales. Gracias a este contraste, se muestra el ser humano como la verdadera amenaza, como el verdadero monstruo que incluso atemoriza a los mismos nuestros de nuestras leyendas. Este desmantelamiento también se encuentra en el relato “Una larga mano blanca”, del mismo autor, en el que las leyendas se muestran meramente como elementos atemorizantes, pero no reales, mientras que el comportamiento humano queda al descubierto como el detonante de los disgustos.

 Otro aspecto clave con el que algunos de estos textos manifiestan la memoria y la identidad es por medio de las interacciones sociales, como sucede en los cuentos “Panza de perra” de Jaime Florindo Naranjo Blanco, con la figura de la señora que inyectaba a todos en el pueblo, y “El tilichero”, del mismo autor, con la figura del tilichero, cuyos objetos terminan develando la identidad de cada uno de los personajes que interactúan con él. Otros textos que emplean este recurso son “Ocho pesos” de Guillermo Rodríguez Rodríguez con la figura ancestral del abuelo que presenció el surgimiento y la expansión del pueblo belemita, “Víctor” de José Eugenio Zumbado González con la figura del personaje extraño que desentona en el pueblo y que tiende a incomodar a los demás debido a sus vicios, su modo de vida o por comportarse como los demás, y, por último, el texto “Peregrina” de Andrea Oriza con la representación de esas relaciones familiares difíciles que crean una ruptura tanto en la familia como en el individuo: una familia destruida desde los cimientos, una relación maternal muerta desde el inicio.

 

En síntesis, aunque se podría seguir hablando de estos y los otros textos, se concluye que la colección de relatos De cuento en cuento es un muestrario de distintos ecosistemas culturales que trabajan desde la evocación y la identidad. Evocan memorias agradables como los platillos de nuestras madres y memorias que aún duelen como una llaga abierta; evocan una identidad a lo largo del tiempo, desde distintas ópticas e individuos, pero que junto conforman una misma cultura.

 Referencias bibliográficas

Alpízar, C. [@imjustacookcr]. (13 de marzo de 2026). Durante mucho tiempo la cocina costarricense no se aprendía en libros [Video]. Instagram. https://www.instagram.com/p/DVzae-ZjdzT/?hl=es-la

Cros, E., y Borrero Echeverry, J. (2017). Hacia una teoría sociocrítica del texto. La palabra, (31), 29-38.

Dobles, A. (Ed.). (2026). De cuento en cuento: selección del Taller de Narrativa 2025. Belén: Asociación Cultural El Guapinol.

García, M. Á. (2025). Literatura, ideología y sociocrítica. Sociocriticism39(1), 10. http://interfas.univ-tlse2.fr/sociocriticism/4067

Grosfoguel, R. (2011). La descolonización del conocimiento: diálogo crítico entre la visión descolonial de Frantz Fanon y la sociología descolonial de Boaventura de Sousa Santos. Formas-Otras: Saber, nombrar, narrar, hacer, 97-108.

Lampis, M. (2025). Sociocrítica y lectura. Sociocriticism39(1), 12. http://interfas.univ-tlse2.fr/sociocriticism/4087

Valverde Ayala, R. D., Guevara Burgos, J. I., García Suárez, A. E. y Proaño Cobos, M. L. (2024). La importancia de la memoria histórica en la construcción de la identidad cultural a través de recursos digitales. South Florida Journal of Development 5, 7, 1-23. DOI: 10.46932/sfjdv5n7-024


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