Ariel Cambronero
Zumbado
Br. en Literatura y
Lingüística con Énfasis en Español, UNA
Maestrando en
Lingüística, UCR
ORCID ID: 0000-0002-1800-5382
La antología De
cuento en cuento se compone de veinticuatro relatos de nueve autores
belemitas, en cuyo centro se detectan dos elementos claves: la identidad y la
memoria. De acuerdo con los investigadores Valverde Ayala, Guevara Burgos,
García Suárez y Proaño Cobos (2024), tanto la identidad como la memoria “son
pilares fundamentales que construyen la cultura, actuando como la ‘memoria
constituyente’ que preserva tradiciones, valores y experiencias compartidas”
(p. 86). Por otro lado, “la identidad, entendida como cultura interiorizada, y
la memoria, como relato seleccionado de hechos marcados, fortalecen la cohesión
social y el sentido de pertenencia de los pueblos” (Valverde Ayala, Guevara
Burgos, García Suárez y Proaño Cobos, 2024, p. 87).
De esta forma,
los textos exponen una memoria y una identidad que representan una parte de la cultura
costarricense y la identidad individual. Esta memoria puede evocar tanto
aspectos negativos como positivos del entorno, los cuales acaban por formar una
experiencia colectiva que moldea tanto al individuo como a la sociedad misma.
Una de las
formas que algunos de los textos utilizan para evocar esta memoria es a través
de la comida. Este elemento es fundamental en la identidad de una cultura y de
cada familia que la compone, ya que, como dijo el chef costarricense Carlos
Alpízar (2026), “una receta cambia ligeramente de una casa a otra. No porque
esté mal, sino porque cada familia la fue adaptando con el tiempo. Y así, poco
a poco, se fue formando la cocina que conocemos como costarricense” (0:36). Esto
se observa, por ejemplo, en el cuento “El café de mi madre” de Loreana Araya
Fernández, en el que se menciona lo siguiente: “Me acerqué a la madre de
Matilda justo cuando le ofrecía el pozol; ella le dice: —Ma, le está quedando
riquísimo. ¡Es que es casero! Tiene todos los olores en sofrito: ajo, chile,
cebolla, culantro de la feria” (p. 10). Aquí no solo marca una identidad
nacional con un plato típico como el pozol, sino también una regional y,
concretamente, una familiar, en la que se cocina este platillo con ingredientes
que otras familias no emplean para preparar este mismo platillo.
En otras
familias, por ejemplo, no se agrega culantro o se sazona con pimienta La
Estrella en lugar de añadirle el sofrito; en otras, se hace una combinación de
otros ingredientes o se usan otras variantes de maíz. Esto es un ejemplo del
ecosistema culinario tan grande que tiene Costa Rica y que conforman la
identidad tanto del país como de las regiones.
Un elemento
interesante que sirve como catalizador de la memoria es el licor. En esta
antología, el alcohol aparece como una bebida que puede desembocar tanto
recuerdos positivos como negativos. En el cuento “La llena” de Rafael Arroyo
Villegas, el ron funge como unificador entre el protagonista y el abuelo, quien
se separa del resto de la familia en pleno aguacero. Es por medio del licor que
el abuelo le revela el secreto al protagonista, crea una especie de refuerzo
familiar, como sucede en muchas familias y en la sociedad en general cuando se
bebe para socializar o fortalecer lazos interpersonales.
Por otro lado,
en el relato “El chino Miguel” de Elizabeth Chango Trejos, el alcohol sirve
como desencadenante de problemas. Es por el alcohol que Casimiro intenta
asesinar a Miguel; es por el alcohol que Casimiro casi destruye la tienda ante
la negativa de Miguel de venderle alcohol. También es debido al alcohol que
queda al descubierto la xenofobia de Casimiro hacia Miguel, al cual le muestra
animadversión por ser chino y, según él, robarle el trabajo a la gente. De esta
forma, el licor sirve como desenmascarador de los verdaderos pensamientos de
Casimiro hacia Miguel. Asimismo, se muestra el rechazo al que se enfrenta un
migrante que desea emprender en otro país.
En el cuento
“Año Nuevo Chino en Puntarenas” de Elizabeth Chango Trejos, se evidencia tanto
el choque cultural como el sincretismo cultural de un migrante chino en Costa
Rica. En cuanto al choque cultural, se manifiesta cuando los miembros de la
familia china quedan aturdidos ante los juegos de pólvora, los cuales
consideran extremadamente ruidosos y caóticos. Esto forma un contraste entre
ambas culturas; sin embargo, no se crea una ruptura entre estas; más bien, se
entiende como un proceso básico de adaptación a la nueva cultura que se está
adpotando.
Respecto al
sincretismo cultural, se observa en primer lugar en el hecho de que los
personajes deciden celebrar el Año Nuevo Chino al mismo tiempo que se celebra
el Año Nuevo en Costa Rica, lo que a su vez evidencia una transición o
adaptación a la cultura nueva por parte de los migrantes. Asimismo, los
platillos que se cocinan para la celebración manifiestan aún más dicho
sincretismo: por el lado costarricense, asado de carne y salchichón para gallos,
y tamales de cerdo; por el lado chino, wantanes fritos. Además, preparan chop
suey seco, el cual ya de por sí es un platillo fusión de la cocina china con la
estadounidense y que termina llegando a Costa Rica mediante la migración de
personas chinas.
Este texto
también emplea el imaginario mitológico de distintas naciones para develar ese
sincretismo, como se menciona al inicio con la imagen de Santa Claus como
herencia gringa de parte de la globalización y luego al final con la visión que
tiene la niña en medio de la pirotecnia. Ella ve una especie de hombre mono y
lo identifica como un mal presagio. Esto se vincula con otro personaje que
aparece: Kalus, un marinero alemán que corteja a Gloria, una puntarenense. Esa
figura del hombre con cara de mono recuerda a un fantasma maligno de origen
chino que se llama Shuigui o Shui hao, el cual, aparte de tener atributos de
mono, representa una energía de infortunio y venganza. Es un espíritu maligno
que atrae a los humanos al mar para ahogarlos y luego usurpar su lugar. Ese
mono representa al alemán, al llevar el mismo nombre, y a la cultura gringa,
por la vinculación por nombre entre el marinero y Santa Claus. De esta forma,
lo extranjero europeo y norteamericano se concibe como una amenaza en el texto,
como si fueran entes negativos que desean ahogar a las culturas que ellos
conciben como inferiores.
La imagen de una
nación, de acuerdo con Ramón Grosfoguel, se forma al contrastarse con el otro;
es decir, tras entrar en una comparativa con los otros pueblos, se van
diferenciando o asemejando ciertas costumbres y perspectivas del mundo. Esto
incluye el punto de vista que tiene sobre los habitantes de otros países. Este
contraste con la otredad es otro de los elementos que varios de los textos
utilizan para definir tanto al otro como a sí mismo. En consonancia con el
texto anterior, los cuentos “El carro del príncipe de Prusia”, también de
Elizabeth Chango Trejos, y “El que fuma, la paga” de Mauren Fernández Benavides
ilustran este contraste entre el costarricense y el europeo. En ambos casos,
hay una jerarquía: los europeos se encuentran el la cima y los costarricenses
se hallan por debajo de estos. Los costarricenses mantienen una actitud de
servilismo y dependencia, como sucede con la familia de la protagonista que
sirve al príncipe de Prusia.
En el cuento “El
que la fuma, la paga”, por otra parte, ocurre un acto de violación hacia
Antonia por parte del español que llega a los tabacales. Los hombres callan y
no denuncian el abuso ni hacen nada al respecto; en cambio, son las mujeres
quienes toman la justicia en sus manos y acaban envenenando por medio del
tabaco al español. Este pasaje no solo muestra cómo se ha construido la
identidad costarricense al margen de la europea, sino cómo se ha construido
toda la identidad latinoamericana. Recuerda el tópico del colonialismo y cómo
una y otra vez Europa subyuga a los latinoamericanos por medio de la violencia
y la misma perspectiva de inferioridad o dependencia de los latinoamericanos. Esto
también recuerda a la actualidad, en casos como el de Noelia Castillo Ramos, la
muchacha española que sufrió un abuso por parte de varios hombres y la sociedad
no se preocupó en su momento por ajusticiar a los criminales. Este texto es
como un prisma que muestra cómo una situación tan terrible se ha encarnado a lo
largo del tiempo en nuestras sociedades. Texto clave y que no pierde
actualidad.
Otros elementos
que se emplean en esta antología para evocar la memoria y que son
constituyentes de la identidad son las referencias a leyendas, como es el caso
del texto “¿Tan mal va la cosa?” de Roberto C. Murillo Ávila. En este cuento,
se mencionan leyendas como La Carreta sin bueyes, La Segua y El Cadejo para
generar un contraste entre los vivos y los muertos, los terrores del imaginario
colectivo y los terrores sociales. Gracias a este contraste, se muestra el ser
humano como la verdadera amenaza, como el verdadero monstruo que incluso
atemoriza a los mismos nuestros de nuestras leyendas. Este desmantelamiento
también se encuentra en el relato “Una larga mano blanca”, del mismo autor, en
el que las leyendas se muestran meramente como elementos atemorizantes, pero no
reales, mientras que el comportamiento humano queda al descubierto como el
detonante de los disgustos.
Otro aspecto
clave con el que algunos de estos textos manifiestan la memoria y la identidad
es por medio de las interacciones sociales, como sucede en los cuentos “Panza
de perra” de Jaime Florindo Naranjo Blanco, con la figura de la señora que
inyectaba a todos en el pueblo, y “El tilichero”, del mismo autor, con la
figura del tilichero, cuyos objetos terminan develando la identidad de cada uno
de los personajes que interactúan con él. Otros textos que emplean este recurso
son “Ocho pesos” de Guillermo Rodríguez Rodríguez con la figura ancestral del
abuelo que presenció el surgimiento y la expansión del pueblo belemita, “Víctor”
de José Eugenio Zumbado González con la figura del personaje extraño que
desentona en el pueblo y que tiende a incomodar a los demás debido a sus
vicios, su modo de vida o por comportarse como los demás, y, por último, el
texto “Peregrina” de Andrea Oriza con la representación de esas relaciones
familiares difíciles que crean una ruptura tanto en la familia como en el
individuo: una familia destruida desde los cimientos, una relación maternal
muerta desde el inicio.
En síntesis,
aunque se podría seguir hablando de estos y los otros textos, se concluye que
la colección de relatos De cuento en cuento es un muestrario de distintos
ecosistemas culturales que trabajan desde la evocación y la identidad. Evocan
memorias agradables como los platillos de nuestras madres y memorias que aún
duelen como una llaga abierta; evocan una identidad a lo largo del tiempo,
desde distintas ópticas e individuos, pero que junto conforman una misma
cultura.
Referencias bibliográficas
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