Una noche majestuosa vivió la palabra hecha poesía el pasado 1 de octubre en Belén, donde los acordes musicales y el virtuosismo de la cellista Ana Margarita Sánchez se conjuntaron con la palabra, con ocasión de la visita del poeta panameño Javier Alvarado, quien nos visito en el marco del XXV Festival Internacional de Poesía de Costa Rica, acompañado en esta ocasión por las poetisas María José Murillo quien nos visito desde Alajuela y la belemita Marlene Díaz Vargas.
La compañera y poeta Ileana Calero en su presentación relacionada con la la Antología "Fuego la lluvia" editada por Casa de Poesía y el FIPCR 2026 y muy especialmente acerca del poeta Javier Alvarado, expresó lo siguiente:
"Es una alegría que nos acompañen esta noche en San Antonio de Belén para compartir, una vez más, aquello que nos convoca: la poesía.
Quiero agradecer al Festival Internacional de Poesía de Costa Rica, que celebra su 25 aniversario, por propiciar estos espacios de encuentro y por regalarnos la posibilidad de acercarnos no solo a la obra, sino también a la voz de poetas de distintos lugares.
De manera especial, por permitirnos encontrarnos esta noche con la poesía del panameño Javier Alvarado, nacido en Santiago de Veraguas, es un poeta ampliamente galardonado.
Ha recibido importantes reconocimientos dentro y fuera de Panamá, entre ellos el Premio Internacional de Poesía Rubén Darío, el Premio Centroamericano de Literatura Rogelio Sinán y el Premio Nacional de Poesía Pablo Neruda.
Más allá de esos reconocimientos, quisiera detenerme brevemente en la poesía que hoy nos reúne, incluida en "Fuego bajo la lluvia". Antología FIPCR 2026.
Al leer esta selección, me llamó especialmente la atención la manera en que Javier observa, escucha y transforma aquello que lo rodea; y, para quienes vivimos en Costa Rica, resulta particularmente conmovedora la mirada que dirige hacia nuestro país.
Su poesía se detiene en aquello que muchas veces nosotros mismos no vemos: un paisaje, un ave, una piedra, un volcán, una forma de hablar. Desde esa mirada atenta, nos devuelve nuestro propio territorio transformado en poesía y crea un hermoso puente entre Panamá y Costa Rica.
Sus versos están cargados de imágenes, musicalidad y una gran riqueza sensorial. Pienso, por ejemplo, en esta imagen dedicada a Emily Dickinson: «se pinchó un dedo podando una rosa / para dar el color que le faltaba al arcoíris».
En El Yigüirro, escribe: «El yigüirro me habla de fuegos que preceden, / de otros volcanes que toca el viento y su materia». Aquí, el paisaje parece adquirir voz propia.
En Cantata a las esferas de piedra en Costa Rica, esa mirada alcanza una dimensión casi mítica: «Estas esferas vienen rodando desde siempre / traen entre sus venas un mapa para convocar los clanes».
Y hay algo más que me parece especialmente hermoso: Javier no solo observa Costa Rica, también escucha su lengua. En Contexto costarricense, una expresión tan cotidiana para nosotros como «¿Me das campo?» deja de ser una simple petición de espacio y se transforma en imagen poética.
Nuestra manera de hablar también entra en el poema. Pero mejor dejemos que sean sus propios versos, en su propia voz, los que nos hablen. Para mí es un verdadero placer presentarles esta noche al poeta panameño Javier Alvarado. Ileana Calero"

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